Cuando observas una abeja que está recolectando el néctar de una flor, estás viendo el primer paso en la formación de la miel. Así como lo oyes: ¡la miel comienza como néctar (un líquido azucarado producido por las flores)!
Las abejas vuelan de flor en flor, absorbiendo el néctar con una estructura en forma de tubo. Almacenan el néctar en su estómago para miel. Cuando el estómago para miel se llena, la abeja regresa volando a su panal y deposita el néctar. Luego sale de nuevo a buscar más.

En el panal, otras abejas empiezan a convertir el néctar en miel. Le añaden al néctar saliva (líquido claro que se produce en la boca). La saliva descompone las mayores moléculas (sustancia hecha de dos o más átomos) de azúcar en moléculas más pequeñas. Las abejas transportan gotitas de néctar a su panal. Para secar el néctar, lo abanican con sus alas. El néctar se va convirtiendo en miel de acuerdo con su contenido de azúcar y su sequedad. Cuando el néctar se ha convertido en miel, las abejas cubren el panal con cera, lo cual preserva (evita que algo se eche a perder o se pudra) la miel. Las abejas hacen la cera ellas mismas.
Las abejas se alimentan de la miel y usan el azúcar como fuente de energía. Pero además producen más miel de la que necesitan, y los apicultores recolectan la miel que sobra. ¡Esa miel que sobra es lo que disfrutamos en nuestros panqueques, tostadas o té!
La miel tiene distintos colores, texturas y sabores dependiendo de la flor de donde proviene el néctar. Por ejemplo, la miel que se produce a partir del néctar de la lavanda tiene in color claro y una textura espesa. Su sabor es dulce, pero no demasiado azucarado. La miel que se hace a partir del néctar del alforfón tiene un color oscuro y una textura suave. Su sabor es menos dulce que el de muchos otros tipos de miel.
¿Qué opinas tú? ¿Por qué crees que es importante para las abejas preservar la miel?
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